Generalmente, la lentitud se debe a dos grandes «cuellos de botella»: falta de Memoria RAM o un disco rígido antiguo. Si notás que la máquina «piensa» mucho al abrir programas, tarda en reaccionar o se congela momentáneamente, es casi seguro que el sistema se quedó sin memoria libre. Ampliar la RAM le devuelve la fluidez instantáneamente.
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